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domingo, 17 de mayo de 2026
MAESTRO GABRIEL
En el blanco despertar de Benamejí,
donde el Genil murmura historias al pasar,
un maestro guarda la tiza lentamente
porque le ha llegado la hora de descansar.
Treinta y cinco años de pupitres y recreos,
de cuadernos abiertos y manos por guiar,
treinta y cinco inviernos sembrando futuro
con paciencia, cariño y voluntad.
Gabriel llegó un día casi como un forastero,
y el pueblo le abrió su puerta de par en par;
las calles lo hicieron vecino,
y las aulas, familia de verdad.
Los niños y niñas crecieron a su lado,
aprendiendo mucho más que sumar;
porque un buen maestro deja en el alma
lecciones que nunca se pueden borrar.
Y también los padres, agradecidos,
supieron siempre en él confiar;
porque educar no es solo enseñar palabras,
sino ayudar a la vida a caminar.
Hoy Gabriel se jubila emocionado,
mirando atrás con humilde felicidad,
y quiere darle las gracias a su pueblo,
por tanto cariño y tanta bondad.
Gracias, Benamejí, por hacerlo suyo,
por cada abrazo y cada amistad;
por convertir estos treinta y cinco años
en una historia difícil de olvidar.
Aunque la escuela cierre ya sus puertas
y el timbre deje de sonar,
en cada niño quedará encendida
la luz que Gabriel supo sembrar.
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