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viernes, 15 de mayo de 2026
EL FARO LEO
Había una vez un pequeño faro llamado Leo.A diferencia de los demás faros de la costa, Leo no estaba en la playa grande. Él estaba solo, en una roca alta y apartada.Cada mañana, veía a los barcos jugar juntos en el puerto. Reían con las olas. Compartían historias de viajes largos. Leo los miraba desde lejos. A veces, sentía un nudo frío en la barriga. Se sentía invisible. Pensaba que nadie quería jugar con él por estar tan lejos.Pero Leo tenía un secreto. Era el faro más valiente de todos. Aunque se sentía solo, cada noche limpiaba su gran cristal. Se preparaba con esfuerzo.Un día, el cielo se volvió negro. Llegó una tormenta gigante. El viento soplaba con fuerza. Las olas taparon los muelles. Los barcos del puerto se asustaron. No sabían a dónde ir. Todo estaba oscuro.Entonces, Leo respiró hondo. Recordó lo valioso que era. Encendió su luz con todas sus fuerzas. Su brillo cruzó la oscuridad. Era una luz cálida, dorada y protectora.Gracias a la luz de Leo, los barcos encontraron el camino seguro. Ninguno se chocó. Todos se salvaron.Al día siguiente, el sol brilló de nuevo. Todos los barcos del mar nadaron hasta la roca de Leo. Le tocaron las sirenas en señal de agradecimiento.—¡Tu luz nos salvó! —gritaron felices—. Eres el faro más valiente y especial.Leo sonrió. Su luz interior brilló más que nunca. Entendió que ser diferente no era malo. Su valentía brillaba con luz propia. Él era único, muy querido y totalmente necesario.
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