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domingo, 10 de mayo de 2026

JUAN LUIS Y EL DINOSAURIO

En el pueblo de Benamejí, un lugar de mucho sol, Juan Luis paseaba un día bajo un puente de color. De pronto, entre unos matorrales, algo blanco vislumbró: ¡un huevo de dimensiones que al niño lo sorprendió! "¡Madre mía!", gritó el niño, con los ojos muy abiertos, "esto es un huevo de avestruz que se ha perdido en el huerto". Lo llevó a casa con cuidado, con mantitas y calor, esperando ver las plumas de aquel ave tan mayor. Pero un día sonó un ¡crack!, se rompió el cascarón fino, y no salió una avestruz... ¡sino un dino pequeñito! Tenía escamas y una cola, y unos dientes de dragón, pero al ver a Juan Luis le entregó su corazón. Juan Luis decidió entonces: "Lo adoptaré, ¡qué alegría! será como tener un perro, me hará siempre compañía". Lo pasea por la plaza, juegan juntos al balón, el dino mueve la cola y es todo un dormilón. Solo hay un pequeño lío que no es fácil de explicar: cuando el dino hace su caca, ¡hace falta una excavadora para limpiar!

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