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viernes, 4 de septiembre de 2026

Paco Ibáñez: noventa años cantando a la palabra

Hablar de Paco Ibáñez es hablar de una voz que se ha negado a envejecer porque nunca ha dejado de tener algo que decir. A sus noventa y tantos años, Paco Ibáñez representa mucho más que una larga carrera musical. Representa una manera de entender la canción como cultura, como memoria y también como conciencia. Nacido en Valencia en 1934, su vida estuvo marcada desde niño por la Guerra Civil, el exilio y la experiencia de una Europa convulsa. Francia, el País Vasco y París formarían parte de ese recorrido vital que acabaría encontrando en la música y en la poesía su verdadera patria. Su gran aportación fue conseguir algo aparentemente sencillo, pero extraordinariamente difícil: hacer cantar a los poetas. Antonio Machado, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Francisco de Quevedo, Góngora, Neruda y tantos otros encontraron en su guitarra y en su voz una nueva vida. Desde sus primeros trabajos discográficos en los años sesenta, Ibáñez convirtió versos que pertenecían a los libros en canciones que podían llegar a cualquier persona. Y ahí reside quizá una de sus mayores virtudes: nunca trató la poesía como algo lejano o reservado para especialistas. La acercó a la calle, a los jóvenes, a los trabajadores, a quienes buscaban en una canción algo más que entretenimiento. Su célebre recital en el Olympia de París en 1969 se convirtió en uno de los grandes momentos de la canción de autor española. Desde entonces, su guitarra ha acompañado varias generaciones y su voz se ha mantenido vinculada a la libertad, la dignidad, la justicia y la defensa de la palabra. Pero quizá lo más admirable de Paco Ibáñez cuando uno contempla su trayectoria desde la perspectiva de sus noventa años no sea solamente todo lo que ha hecho, sino que todavía conserve la necesidad de seguir haciéndolo. Él mismo ha explicado que, aunque el cuerpo recuerde que pasan los años, interiormente no se siente necesariamente viejo. Y esa actitud resume muy bien su personalidad: los años pueden pesar sobre los hombros, pero no tienen por qué apagar la curiosidad, la rebeldía ni las ganas de cantar. En torno a sus 90 años continuaba preparando nuevos trabajos y ofreciendo conciertos. Hay algo profundamente hermoso en contemplar a un hombre de su edad sentado con una guitarra y enfrentándose de nuevo a un poema. Porque entonces comprendemos que la juventud no siempre está en el cuerpo. A veces está en la capacidad de emocionarse, de indignarse, de hacerse preguntas y de seguir creyendo que una palabra bien dicha puede cambiar algo. Paco Ibáñez pertenece a una generación que aprendió que la cultura también podía ser una forma de resistencia. Su canción nunca quiso limitarse a acompañar una melodía: quiso despertar al oyente. Por eso sus interpretaciones conservan una intensidad especial. No canta únicamente para que escuchemos; canta para que pensemos. Y quizá por eso sus canciones siguen teniendo sentido tantos años después. En una época dominada por la inmediatez, por canciones que nacen y desaparecen con enorme rapidez, la figura de Paco Ibáñez adquiere todavía mayor valor. Él representa justamente lo contrario: canciones construidas sobre poemas que llevan siglos hablando al ser humano y que, gracias a su música, continúan dialogando con nosotros. A sus noventa y tantos años, Paco Ibáñez es ya parte de nuestra memoria cultural. Pero sería injusto hablar de él solamente en pasado. Porque Paco Ibáñez no es únicamente el hombre que cantó a Machado, Lorca, Alberti o Góngora. Es el hombre que consiguió que varias generaciones volvieran a escuchar a los poetas. Y mientras su guitarra siga sonando, mientras su voz siga buscando las palabras adecuadas y mientras haya alguien dispuesto a escucharlas, su historia no será la de un artista que envejeció. Será la de un trovador que nunca dejó de cantar.

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